Corría Mayo del 2023, y esta modesta pagina publicaba una de sus primeras columnas, titulada: "Saltando...sin que se note", cuyo contenido puede verse en los archivos:
Luego de un párrafo introductorio, se compartía este audio:
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“No voy a andar saltando de lugar”, decía con voz firme el intendente Lisandro Matzkin, hace apenas dos años, en una entrevista grabada que todavía flota en las redes como testigo incómodo. Prometía quedarse en el espacio político que lo vio llegar al poder. Juraba coherencia. Subrayaba fidelidad. Pero el archivo, como suele ocurrir con los discursos demasiado redondos, no perdona. Porque esta semana, entre infografías nacionales que lo ubican en el pelotón de los que ya arman fila para abrazar a La Libertad Avanza, y declaraciones locales donde admite que el acuerdo es “muy probable”, el intendente suma un nuevo salto a su ya nutrido historial de piruetas ideológicas. A esta altura, más que un dirigente, parece un atleta del poder.
Retrocedamos a ese capítulo inolvidable de la saga: la era massista. Porque sí, hubo un tiempo —no tan lejano— en que Matzkin era el mimado del Frente Renovador. No un simple adherente, no: un referente, un “armador” seccional, de esos que se exhiben como trofeos nuevos. En una imagen que ya es parte del folclore local, lo vemos sonriente junto a su flamante asesor legal, cortando una torta decorada con el mapa de la Sexta Sección. ¿Celebraban un cumpleaños? No. Celebraban un desembarco. En paralelo, el entonces intendente —otro contorsionista ideológico— disputaba codo a codo con Matzkin el codiciado lugar al lado de “Massita”. Lo recuerdan, ¿no? Aquel desfile patrio con el ex-jefe del Frente Renovador caminando por la Avenida como un Julio César electoral, rodeado de fans con cargos.
Pero claro, un buen saltarín nunca da un solo salto. El arte del brinco político requiere práctica, ensayo, constancia. Por eso hay que remontarse un poco más atrás en el tiempo, cuando el hoy liberal-friendly Matzkin coqueteaba con un perfil bastante más progresista. Sí, aunque hoy cueste imaginarlo, hubo un momento en que sus pasos lo llevaron a orbitas K. Y no precisamente con los exponentes más lúcidos del espacio. Su referencia por entonces era Ricardo Moccero, el siempre polémico intendente de Coronel Suárez, de discurso deshilachado pero abrazos cálidos. A su sombra, Matzkin buscaba construir un perfil de dirigente cercano a las “demandas populares”, aunque la puesta en escena nunca convenció del todo. El camaleón recién ensayaba sus primeros cambios de color.
El salto siguiente lo llevó directo al universo PRO. Atrás quedaban los abrazos con Moccero y los asados con Massa. Matzkin olfateó el nuevo viento de poder que soplaba desde Buenos Aires y no dudó: había que estar cerca de Macri. Y de Larreta. Y de Santilli. Y de Grindetti. Y, por las dudas, de cualquiera que pudiera sumar puntos en la quiniela del oficialismo de turno. La coherencia ya no era una carga, sino un estorbo. Desde entonces, su álbum de fotos parece más bien un catálogo de figuritas del PRO: sonriente junto a los presidenciables del momento, siempre bien ubicado, siempre disponible. Un hombre dispuesto a representar lo que sea, con tal de representar algo.
Las referencias a los mencionados saltos políticos se encuentran bien documentadas con no pocas fotografías. Recomiendo clickear en el link del principio de esta columna, y allí todo está a la vista.
Lo adelantó ayer un medio nacional (Infobae), con la infografía que compartimos. Como si hiciera falta más confirmación del giro, Joaquín Domínguez —hasta hace poco un ignoto referente local de La Libertad Avanza, devenido en jefe de ANSES por obra y gracia del reparto político— se encargó de ponerle voz oficial a lo que todos ya intuían. En declaraciones a un medio local alineado con el poder municipal, afirmó sin rubores que "estamos en conversaciones con Compromiso Pringles". La frase, breve y aparentemente inocente, es en realidad un mazazo de realidad: El Intendente que juró no saltar de espacio, que prometió coherencia y permanencia, prepara una vez más la voltereta. Esta vez, rumbo a las filas libertarias.
El mismo que alguna vez se codeó con el kirchnerismo light de Moccero, abrazó el massismo, se fotografió con medio PRO… ahora se entusiasma con las ideas de Milei. Camaleónico no: directamente líquido. Aunque, como fundador del inhallable “Grupo Sur”, al menos ahora cuenta con una suerte de inventario de ignotos dirigentes seccionales, con la estelar participación de su nuevo-viejo amigo el Ex-Intendente Oreste, con los que negociar en bloque algún lugarcito en las listas. Un espacio colectivo para saltar… todos juntos. Hasta que toque el próximo giro, claro.
Y es entonces cuando uno recuerda aquel audio, perdido en el archivo, pero eterno en su contradicción. El mismo Matzkin, con voz firme, asegurando: “No voy a andar saltando de lugar. Voy a ser consecuente con el espacio donde estoy, defendiendo mis ideas”. Lo decía sin reírse, lo decía como quien se cree a sí mismo. Pero la política, al menos en su versión local, parece hecha a fuerza de amnesia selectiva y promesas que duran lo que tarda en armarse el nuevo mapa de poder.
A esta altura, lo único que permanece es la voluntad inquebrantable de no quedar nunca afuera. Lo ideológico es un souvenir de campaña; la coherencia, un lujo que nadie está dispuesto a pagar.
No es que Matzkin cambie de ideas. Es que las ideas, como los trenes, pasan… y él siempre consigue subirse al que lleva más pasajeros.